El Mundial que debería sentirse nuestro
México es anfitrión. Y sin embargo.
Hay algo raro en este Mundial. México será anfitrión por tercera vez y, sin embargo, no termino de sentir que venga nuestro Mundial.
No es falta de memoria futbolera. Al contrario. Tal vez es exceso de memoria.
Mi primer Mundial consciente fue Estados Unidos 94. Cuarto de primaria. Desde entonces, cada cuatro años hubo una Selección con rostros claros para creer: Campos, García Aspe, Luis García, Claudio Suárez, Hermosillo, después el Matador, Rafa Márquez, Borgetti, Cuauhtémoc, Guardado, Chicharito, Vela, los Dos Santos.
Hoy me cuesta encontrar ese liderazgo emocional.
Y el problema no es sólo deportivo.
Un Mundial que también pasa por México
El Mundial 2026 tiene una extrañeza de origen: tres países anfitriones. Comercialmente puede ser brillante; emocionalmente diluye la pertenencia. No se siente como México 70 o México 86. Se siente como un Mundial que también pasa por México.
Luego vino el acceso.
No sólo los precios. Todo el proceso.
Hubo quienes nos registramos desde hace años sin entender nunca con claridad qué implicaba ese registro, qué prioridad daba, qué ventaja real ofrecía o si simplemente era una forma elegante de administrar expectativa. Mucha gente sintió que hizo fila durante años para descubrir que la fila quizá no llevaba a la taquilla, sino al marketing.
Eso mata ilusión.
Porque una cosa es que el Mundial sea caro. Otra es que, estando en tu país, se sienta lejano, confuso y diseñado para otros.
Cuando más no es más intenso
También está el formato. Más selecciones, más partidos, más historias. Sí. Pero también una sensación inevitable de menor filtro competitivo. El Mundial crece, pero no necesariamente se vuelve más intenso. Y cuando todo cabe, algo de excepcionalidad se pierde.
El Factor Vasco y el álbum de estampitas
La convocatoria terminó de enfriar el ánimo.
No porque Javier Aguirre no tenga méritos. Los tiene. Su historial con México es serio. Pero mi percepción personal del "Factor Vasco" viene a la baja por decisiones que mandan señales equivocadas: no convocar a Charly Rodríguez, no convocar a Diego Lainez y volver a Guillermo Ochoa como símbolo de continuidad cuando muchos esperábamos renovación.
Ochoa merece respeto por su historia.
Pero una Selección mundialista no puede vivir de estampitas repetidas. El álbum también necesita jugadores nuevos, aunque duela despegar las viejas.
El conflicto de la ilusión
Por eso mi Paconomics queda dividido:
La estadística dice que México tiene alrededor de 21% de probabilidad de llegar a cuartos.
Las apuestas dicen 26%.
Mi ilusión dice 100%.
Y ahí está el conflicto.
Quiero emocionarme. Quiero creer. Quiero volver a imaginar cosas chingonas.
Pero entre el formato compartido, el proceso confuso de boletos, los precios, la falta de un líder generacional claro y una convocatoria que parece más defensiva que ilusionante, este Mundial todavía no me ha atrapado como debería.
Ojalá lo haga.
Porque si algo tiene el fútbol es que puede convertir el escepticismo en abrazo, una mala convocatoria en épica, y una duda colectiva en grito nacional.
Pero por ahora, siendo honestos, este Mundial no se siente todavía como el Mundial de México.
Se siente como un Mundial al que México fue invitado… aunque oficialmente sea anfitrión.